Humor, memes, chicas, viñetas, gifs, y mucho más. Internet en estado puro.
(Fuente: letspachecoes)
(Fuente: dormtainment)
(Fuente: youtube.com)
“Al final no hay disonancias/
siempre al son que tocan, danzan”.
Antonio Machado
La música es un lenguaje universal para la transmisión de emociones, la elevación del espíritu y, con toda probabilidad, precede al lenguaje hablado. La música es también una vía eficaz para condicionar nuestras emociones, manipular nuestras decisiones de compra, enardecer a nuestros soldados en la batalla o intimidar a los del enemigo.
No es casualidad que seamos más vulnerables a los estímulos que recibimos a través del oído que a los que nos llegan, por ejemplo, por los ojos: “Los oídos no tienen párpados”, explica Enrique Carriedo, estudioso del fenómeno musical y músico él mismo.
¡Comprad, comprad, malditos!
Primeros de mes: nómina fresca, nevera vacía. La grandes superficies buscan maximizar el gasto de las familias y para ello sacan toda su artillería, también por la vía acústica: “La música que suena en el supermercado es de consumo fácil, música del momento, que en el ambiente sonoro del establecimiento y con cientos de fluorescentes o focos sobre nuestras cabezas no suena con fidelidad, no es agradable al oído.
Pero lo más característico es que las canciones no suelen sonar enteras, ni empiezan ni terminan y sólo puedes oír ¾ partes”, explica el autor de ‘Las campañas de Shambala’. “Esa incomplitud provoca ansiedad en el comprador”. La ansiedad revierte en dos aspectos: echamos en el carro artículos que no habíamos planeado comprar e intentamos salir cuanto antes del comercio. “Lograr la máxima rotación es crítico para la tienda –dice Carriedo-: un coche menos en el aparcamiento deja lugar para el próximo comprador”.
(Fuente: youtube.com)
(Fuente: laissesaigner)